Serguéi Kariakin

«Si tienes convicciones, debes defenderlas»

Con poco más de doce años, Serguéi Kariakin se convirtió en el gran maestro más joven de la historia del ajedrez; a los 22, fue campeón del mundo de ajedrez rápido, y a los 26, de ajedrez relámpago. Las circunstancias lo llevaron a cambiar la silla ante el tablero por un escaño en el Senado y a dejar temporalmente de lado los puestos de la clasificación deportiva.

—En la Antigüedad, el ajedrez se consideraba un arte propio de los sabios, mientras que hoy es simplemente una modalidad deportiva. ¿Qué representa el ajedrez para usted? ¿Qué atractivo tiene ser deportista frente a ser sabio?

Serguéi Kariakin

—Creo que el ajedrez es un juego muy polifacético. Tiene distintos formatos. Existen tres modalidades clásicas de ajedrez: el relámpago o blitz, el rápido o rápid y el clásico. Se diferencian por el tiempo de reflexión que se concede a los jugadores. En el ajedrez relámpago, por regla general, cada jugador dispone de tres o cinco minutos para toda la partida, a veces con un pequeño incremento de tiempo. En el ajedrez rápido, lo habitual son quince minutos por partida. En el ajedrez clásico, en cambio, una partida puede durar varias horas.

—¿En cuál de estas modalidades ha obtenido sus mejores resultados?

—He tenido éxito en distintas modalidades… Volviendo a su pregunta, diría que el ajedrez relámpago es, sin duda, deporte en estado puro: hay que tomar decisiones al instante, adaptarse con rapidez a una situación cambiante e ir un paso por delante del rival. No siempre da tiempo a calcularlo todo, así que, a veces, en el blitz se hacen jugadas por intuición. Pero hay que decidirse con enorme rapidez. El ajedrez clásico, en cambio, es el arte auténtico. Es como ir, por ejemplo, a una actuación en el Teatro Bolshói. ¡Es interesantísimo! Digamos que, durante la partida, no todo resulta necesariamente comprensible para los espectadores; pero, si uno entiende de ajedrez, puede llegar a profundizar muchísimo en su desarrollo… En definitiva, el ajedrez es un juego de un interés inagotable. Creo que fue precisamente eso lo que me cautivó en su momento.

—Existe también otra forma de entender el ajedrez: como un combate, pero sin puñetazos ni armas. Es una batalla de inteligencia, una forma de lucha esencialmente distinta y más humana.

—¡Sí! Por supuesto, el ajedrez no es una guerra, sino una competición limpia entre inteligencias. En ese sentido, puede considerarse una modalidad deportiva universal, apasionante y bastante compleja. Pero lo más curioso es que absolutamente cualquier persona puede aprender a jugar al ajedrez. En mi opinión, es un deporte magnífico.

—¿Ha practicado algún otro deporte?

—Ahora sí, estoy empezando a descubrir nuevas modalidades deportivas. Mi hijo menor practica hockey sobre hielo a nivel profesional. Yo también lo he probado: ya he tenido varios entrenamientos y he empezado a jugar. Además, he hecho algunos entrenamientos de boxeo. ¿Sabe?, creo que una persona debe intentar superarse constantemente. Todos tenemos nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles. Antes no me atraían en absoluto estos deportes y, para ser sincero, tampoco es que me entusiasmen ahora. Pero quiero vencer mis propias resistencias y aprender a jugar al hockey y a boxear, aunque sea a un nivel mínimo, básico. Por supuesto, como aficionado.

—Como ajedrecista, sabe calcular jugadas e incluso partidas enteras por adelantado y anticiparse a la estrategia del rival. ¿Le sirve esta habilidad en la vida cotidiana? ¿Le resulta fácil adaptarse a entornos desconocidos y relacionarse con otras personas, especialmente cuando tiene que defender su postura?

Serguéi Kariakin

—El ajedrez enseña que nunca hay que confiar ciegamente en todo lo que nos dicen. Siempre hay que comprobar las cosas, cuestionar críticamente las palabras y las acciones de los demás. Es decir, ante todo, pensar por uno mismo y analizar. Creo que el ajedrez es una excelente elección para cualquier persona, y especialmente para los niños. Al fin y al cabo, ayuda a desarrollar la lógica, una capacidad que sin duda resulta útil en la vida. En cualquier situación.

—A menudo habla de la necesidad de inculcar el patriotismo a los niños y adolescentes. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Conoce alguna fórmula? Al fin y al cabo, usted creció en la Unión Soviética, donde el sentimiento patriótico se fomentaba a través de organizaciones infantiles y juveniles: los octubristas, los pioneros y los miembros del Komsomol. Hoy, en cambio, parece que hay que inventar nuevos métodos desde cero…

—Para cuando llegué a la adolescencia y empecé a tener una conciencia más madura, la Unión Soviética ya había dejado de existir. Por eso, quienes desempeñaron el papel fundamental en mi educación de acuerdo con aquellas tradiciones y aquel espíritu fueron, por supuesto, mis padres. Y, naturalmente, mis abuelos. Por ejemplo, mi abuelo, Iván Kariakin, combatió en la Gran Guerra Patria. Tenía muchísimas condecoraciones, órdenes y medallas. Al pasar tiempo con él y escuchar sus relatos y recuerdos, fui asimilando algo esencial e inestimable. Por eso puedo decir que mi camino en la vida estará siempre ligado a mi país. 

En cuanto a la educación patriótica de las nuevas generaciones, se trata, por supuesto, de una tarea de Estado de importancia capital. Hoy se está haciendo mucho en este ámbito, pero lo fundamental es que esa educación no se imponga artificialmente a los niños. Es importante que comprendan que estar del lado de su país es algo evidente, natural y lógico. Basta con mirar lo que ocurre hoy en Ucrania para comprender una verdad sencilla: si olvidas tus raíces, si olvidas quién eres y de dónde vienes, si pierdes la memoria de tu pasado, de tus abuelos y bisabuelos, no puede salir nada bueno de ello. Siempre habrá fuerzas alrededor de tu país dispuestas a sembrar el caos, la discordia y la guerra en tu propia tierra. Por desgracia, así es. ¡Por eso, no cabe duda de que hay que estar con Rusia!

—Se ha pasado la infancia ante un tablero de ajedrez; los entrenamientos le ocupaban casi todo el tiempo libre y sus oportunidades de relacionarse con otras personas eran limitadas. Ahora, en cambio, tiene muchísima más vida social. ¿Cuánto tiempo lleva dedicado a la política? ¿Es difícil ser senador?

—Llevo unos dos años como senador. Antes, desde 2017, fui miembro de la Cámara Cívica en varias ocasiones.

Podría decirse que adquirí bastante notoriedad tras mi encuentro con el noruego Magnus Carlsen, decimosexto campeón mundial de ajedrez (nota de la redacción). El encuentro se retransmitió por televisión y, en general, tuvo una cobertura mediática excelente. Estoy agradecido a todos los medios de comunicación que informaron entonces sobre nuestro duelo… Por cierto, aquello despertó un gran interés entre la población y muchos niños empezaron a apuntarse a clubes de ajedrez. Después de aquel encuentro, por invitación del presidente de Rusia, Vladímir Vladímirovich Putin, pasé a formar parte de la Cámara Cívica. Fui reelegido varias veces. Y ahora, desde hace aproximadamente dos años, represento a mi Crimea natal en el Consejo de la Federación.

No tiene sentido ocultarlo: hasta 2022 fui deportista profesional. Viajaba constantemente para participar en competiciones y tomaba parte en torneos internacionales en distintos países. Pero, cuando comenzó la operación militar especial, todo cambió de golpe. Apoyé la OME desde el primer día, o, mejor dicho, desde las primeras horas. A partir de entonces, para mí hubo un antes y un después. En el ámbito deportivo, me descalificaron por mi postura. Así de sencillo: no había ningún otro motivo para descalificarme. En consecuencia, participar en torneos en Estados Unidos o Europa pasó a ser sencillamente imposible.

Comprendí que ya no podía seguir desarrollándome como deportista profesional. Empecé a prestar ayuda activa al frente y viajé en numerosas ocasiones a la línea de contacto. Organizamos muchas campañas de recogida de ayuda; algunas siguen en marcha. Entregamos personalmente a los combatientes todo lo que necesitan.

Por supuesto, también visitaba mi Crimea natal, donde me reunía con el jefe de la república, Serguéi Aksiónov. Fue entonces cuando surgió la idea de que representara a Crimea en el Consejo de la Federación. Para mí es un gran honor y una enorme responsabilidad. Acepté y procuro hacer todo lo que está en mi mano para, como suele decirse, estar a la altura de Crimea y no defraudarla.

Naturalmente, al principio me resultó difícil. Había muchas cosas que no entendía, porque trabajar en el Consejo de la Federación suponía para mí una actividad completamente distinta, un ámbito totalmente nuevo. En el ajedrez todo está bastante claro: hay torneos y resultados; ganas, pierdes o haces tablas. En política, por así decirlo, todo es menos definido. Además del blanco y el negro, existen muchos matices intermedios. Por eso necesité cierto tiempo para adaptarme… Pero, por otra parte, siempre he pensado —y sigo pensando— que, si haces todo lo que está en tu mano, te esfuerzas e intentas construir algo, llevar a cabo proyectos importantes y convertirlos en realidad, tarde o temprano obtendrás resultados.

Serguéi Kariakin

—¿Cuáles son los problemas por los que más suelen acudir a usted sus electores?

—Casi siempre se trata de cuestiones sociales. Por ejemplo, de cómo acceder a determinadas prestaciones destinadas a los participantes en la operación militar especial. Acuden tanto voluntarios como militares profesionales. Atendemos todas las cuestiones que nos plantean. Por suerte, cuento con un equipo excelente. Además, mantenemos una estrecha colaboración con las autoridades de Crimea y con la fundación crimea «Defensores de la Patria». Por eso, resolvemos todos los problemas que están a nuestro alcance y, casi siempre, la gente recibe la ayuda que necesita. No dejamos a nadie sin atención. Aunque, por supuesto, también hay problemas que sencillamente no se pueden resolver…

—Ha viajado en numerosas ocasiones a la zona de la OME en misiones humanitarias e incluso ha organizado allí torneos de ajedrez. Por lo que entiendo, el objetivo era que la gente pudiera olvidarse, aunque solo fuera por un rato, del estrés y la tensión… ¿Lo hace por una necesidad interior, porque se lo dicta el corazón, o por sentido del deber?

—Sí, antes viajaba constantemente a la zona de la OME; ahora son mis representantes quienes acuden allí con frecuencia. Son personas íntegras y de mi absoluta confianza. Lo que ocurre es que la situación ha cambiado: un senador no puede desplazarse sin más a la línea de contacto, porque se convierte en un objetivo de importancia y, como consecuencia, otras personas también pueden resultar perjudicadas. Por eso, los senadores tienen prohibido visitar las zonas de combate. Sin embargo, sigo ayudando a la población de los territorios liberados y colaborando en la resolución de problemas sociales. Además, trabajamos para abrir escuelas y clubes de ajedrez. En estos dos años hemos abierto escuelas de ajedrez en Lugansk y Donetsk; en algunos casos, hemos tenido que hacerlo en línea. Una de nuestras escuelas de ajedrez en línea fue inaugurada por el propio Vladímir Vladímirovich Putin, algo por lo que le estoy muy agradecido. Ahora estamos preparando la apertura de escuelas en Mariúpol y en varias otras ciudades. No dejamos de prestar atención a las nuevas regiones y, sin duda, ampliaremos nuestras actividades.

—Usted sostiene que no hay que mezclar el ajedrez con la política, pero hoy el deporte en su conjunto ha quedado sometido a una dependencia absoluta de la política internacional. Es una situación bastante extraña. Ni siquiera está claro cómo demostrar que todo esto es absurdo.

—Sí, por decirlo sin rodeos, uno se ve obligado a estar contra la espada y la pared . Pero, si intentamos valorar la situación objetivamente, tendremos que reconocer que el deporte ruso lleva sufriendo desde 2014. Desde entonces, hemos sido objeto de discriminación y de determinadas sanciones en numerosas disciplinas deportivas. Durante un tiempo, el ajedrez permaneció, por así decirlo, al margen. Sin embargo, en los dos últimos años, el ajedrez ruso también ha sido objeto de todo tipo de sanciones. Por ejemplo, nuestra selección ha sido excluida por tercera vez de la Olimpiada Mundial de Ajedrez. Sinceramente, esto no desacredita a los ajedrecistas rusos, sino a quienes han tomado esa decisión. ¿Cómo puede celebrarse un torneo de ajedrez de verdadera importancia sin la selección rusa, que es una de las más fuertes del mundo? Es una pena que ocurran estas cosas. Estoy convencido de que el ajedrez, como cualquier otro deporte, debe unir a las personas, no dividirlas. Por desgracia, quienes toman decisiones injustas no parecen comprender algo tan evidente.

—La idea de que el ajedrez debe unir a las personas y no dividirlas es evidente. Pero ¿resulta ingenua en los tiempos que corren, en esta época de cinismo y traiciones a cada paso?

—Por desgracia, sí. Ahora estamos viendo justamente lo contrario: se busca cualquier pretexto para impedirnos participar en competiciones y descalificarnos. En la dirección de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) hay rusófobos declarados. El director general de la FIDE, Emil Sutovsky, reconoció personalmente que fue él quien tomó la iniciativa de promover mi descalificación, así como la de la selección rusa. Creo que también estuvo detrás de la exclusión de Vladímir Krámnik de los torneos. (En julio de 2026, la Comisión de Ética y Disciplina de la FIDE suspendió a Vladímir Krámnik durante dos años de la participación en torneos organizados bajo los auspicios de la FIDE, uno de ellos con carácter condicional. El motivo fueron sus acusaciones públicas contra otros ajedrecistas, a quienes señaló por utilizar deliberadamente métodos y medios técnicos prohibidos para obtener ventaja durante las partidas. Krámnik conserva su título de decimocuarto campeón mundial. Nota de la autora). Todo esto demuestra que las fuerzas antirrusas ya no se molestan siquiera en disimular.

Ya en 2022, cuando me descalificaron, propuse crear federaciones de ajedrez alternativas para que tuviéramos un mayor margen de maniobra. Si no quieren que formemos parte de una organización, podemos crear otra nosotros mismos. Por desgracia, los ajedrecistas rusos todavía no disponemos de esta vía para salir de la difícil situación en la que nos encontramos. En cualquier caso, volveremos al ajedrez. Esperemos que se produzcan ciertos cambios. A finales de septiembre se celebrarán las elecciones a la presidencia de la FIDE, así que cabe esperar novedades. Veremos qué línea de actuación sigue la nueva dirección de la federación y, después, sacaremos nuestras conclusiones.

—Lleva varios años sometido a sanciones. Seguramente, esto habrá dejado huella en su vida en general, no solo en su carrera deportiva. ¿Es ese el precio que debe pagar por defender su postura? Y eso que en Occidente no dejan de hablar de democracia, tolerancia, libertad de expresión y demás…

—Pero resulta que, si tienes convicciones, debes defenderlas. Y estar dispuesto a sufrir por ellas. De lo contrario, no son más que palabras. Si te mantienes al lado de tu país, expresas públicamente una postura determinada y no haces concesiones a costa de tu conciencia, acabas sometido a sanciones y a medidas discriminatorias… Al principio, por así decirlo, sufrí sanciones en el ámbito del ajedrez. Ahora también estoy sujeto a las sanciones de la Unión Europea. Es cierto que, por un lado, no puedo viajar a los países europeos y a algunos otros Estados. Pero, por otro, ¡nuestro país es enorme! Hay que esforzarse mucho para conseguir visitar todos los lugares interesantes que ofrece. Así que las sanciones no me causan ninguna incomodidad. Prefiero que las cosas sean así a haberme callado y no haber expresado mi postura. Nunca me lo habría perdonado…

Serguéi Kariakin

—¿Y qué piensa de los ajedrecistas que se marcharon después del inicio de la OME? Por un lado, una persona ha dedicado toda su vida a perfeccionarse en el ajedrez. Por otro, de repente se encuentra ante una situación en la que debe elegir entre seguir compitiendo en el ámbito internacional o perder esa posibilidad. Por desgracia, algunos toman la decisión equivocada. En aras de seguir jugando, sacrifican el amor a la patria, la memoria de sus antepasados, y se marchan. Usted dijo que no podía condenarlos simplemente porque la federación no había hecho todo lo posible para que se quedaran. Pero, en última instancia, ¿no se trata de una decisión personal?

—Por supuesto que es una decisión personal. Pero no me refería exactamente a eso. Dije que no podía condenar a quienes participan en competiciones internacionales bajo bandera neutral. Reconocerá que es algo distinto.En cuanto a quienes se marchan a otros países y compiten bajo una bandera extranjera, mi postura es rotundamente contraria. Considero que eso es inaceptable en principio. Evito hablar de condena, pero estoy absolutamente en contra de cambiar de nacionalidad deportiva, porque uno debe estar al lado de su país en cualquier circunstancia.Es cierto que puede haber contradicciones internas. No oculto que yo también he tenido desacuerdos con la Federación Rusa de Ajedrez. Pero ni siquiera se me pasó por la cabeza marcharme a otro lugar y competir en representación de otro país. En este asunto, mi postura es inequívoca.

Y, sinceramente, cuando pienso en los muchachos que se marcharon, no lo entiendo. A mi juicio, esa renuncia a los propios principios no merecía la pena en absoluto. Tomemos el caso de Nikita Vitiúgov, un gran maestro muy fuerte con quien compartí equipo en la selección rusa. Se marchó y empezó a competir por el Reino Unido. Llegó a capitanear la selección inglesa y, unos años después, abandonó el ajedrez, al menos eso es lo que leí en sus declaraciones en la prensa. ¿Para qué hacerlo? ¿Para qué marcharse? ¿Para qué representar a un país que es un adversario geopolítico nuestro? Sinceramente, me resulta completamente incomprensible.

—En la novela de Vladímir Nabókov La defensa de Luzhin, el protagonista vive inmerso en el mundo del ajedrez, sin prestar atención a lo que sucede a su alrededor. Cree que la vida está jugando una partida contra él y que debe construir una defensa. Sin embargo, no consigue hacerlo y todo termina de forma trágica…

—Podríamos decir que el hombre propone y Dios dispone… Imagínese que me hubiera entrevistado a principios de febrero de 2022, justo cuando acababa de regresar de Holanda de otro torneo internacional. Me había enfrentado al mejor ajedrecista del mundo y, al mismo tiempo, seguía preparándome para el Torneo de Candidatos, con la posibilidad de clasificarme para disputar el campeonato mundial. Es decir, yo me veía exclusivamente como un ajedrecista profesional.Pero, a finales de febrero de 2022, comprendí que mi vida, como la de todos nosotros, había cambiado radicalmente. Por eso, lo más importante es mantenerse cerca de Dios, y todo saldrá bien.

—¿Tiene la sensación de haber recogido el testigo de alguno de nuestros grandes ajedrecistas? Y, si es así, ¿de quién?

—Hemos tenido y seguimos teniendo demasiados ajedrecistas de gran nivel, y la competencia es muy intensa. Sin embargo, desde el punto de vista ideológico, me considero seguidor de Anatoli Yevguénievich Kárpov, el gran duodécimo campeón mundial, que fundó numerosas escuelas de ajedrez e hizo muchísimo por el desarrollo de este deporte en nuestro país. Llevamos muchos años en contacto constante. Antes de mi encuentro por el campeonato mundial contra Magnus Carlsen, Anatoli Yevguénievich me dio consejos muy valiosos. Le estoy agradecido por haberme orientado con tanta generosidad.

Me alegra mucho que hace poco se celebrara en Krasnogorsk la final de la Copa Serguéi Kariakin, en la que participaron, de una u otra manera, unas tres mil quinientas personas. Anatoli Yevguénievich fue nuestro invitado de honor. Vimos al aire libre la película Campeón del mundo, que narra el famoso encuentro entre Kárpov y Korchnói. Después, Anatoli Yevguénievich respondió a las preguntas de los niños. Naturalmente, fue una experiencia inolvidable para ellos.

—¿Ha jugado alguna vez Serguéi Kariakin al ajedrez con Anatoli Kárpov?

—¡Por supuesto, y muchas veces! Los resultados de nuestras partidas han sido muy variados. Pero, en realidad, siempre he tenido la misma sensación mientras jugaba con él: empiezas la partida y parece que todo va bien. Sin embargo, llega un momento en que se activan sus instintos de campeón, y entonces jugar contra él se vuelve dificilísimo.

—Existen la ruleta rusa, el billar ruso y el póquer ruso. ¿Hay también una manera rusa de jugar al ajedrez?

—Existe una escuela soviética de ajedrez que, con el tiempo, se convirtió en la escuela rusa. Es una de las más fuertes del mundo. Otra cuestión es que la competencia internacional en el ajedrez es hoy extremadamente intensa. Para mantenernos entre los mejores, no basta con conservar la experiencia y las habilidades acumuladas: tenemos que redoblar nuestros esfuerzos. Y lo más importante es formar a una nueva generación de jóvenes que tome el relevo de los principales ajedrecistas rusos de hoy.

Traducido por Marina Chernyaeva.

  • banner