Marco Antonio Cornejo Ubillús

«Nuestro objetivo es acercar las culturas rusa y ecuatoriana»

Marco Antonio Cornejo Ubillús

Un profesional de la industria petrolera que se dedica a traducir al español las obras de poetas rusos ya es, por sí solo, un motivo importante para conocerlo. Y más aún hay que tener en cuenta que Marco Antonio Cornejo Ubillús es el único traductor de este tipo en Ecuador. En una entrevista con la revista “Russkiy Mir.ru”, habló de los poemas que resuenan en el corazón de los ecuatorianos, de los escritores rusos más conocidos en su país y de las razones por las que las ideas de Antón Makárenko llegaron a gozar de popularidad incluso en la lejana América Latina.

Fotografía: Aleksandr Bury

—Cuéntenos, ¿cómo llegó a la URSS y por qué eligió precisamente este país para formarse?

—Nací en una familia ecuatoriana muy humilde y común. Mis familiares creían en los ideales de la justicia y el socialismo y acogieron con entusiasmo la Revolución cubana de la década de 1950. Durante mi infancia, en América Latina se hablaba de ella por todas partes. Cuando terminé la escuela, a los 17 años, tenía muy claro que mis padres no disponían de los recursos necesarios para ayudarme a cursar estudios superiores. Sin embargo, yo era un joven con buenas capacidades, activo y decidido, y buscaba por todos los medios una oportunidad para continuar estudiando. En Ecuador funcionaba el programa estadounidense de intercambio académico Fulbright. Presenté mi solicitud, hice los exámenes y las pruebas psicológicas correspondientes y esperaba conseguir una beca para estudiar en alguna universidad de Estados Unidos. La última etapa del proceso de selección consistía en una entrevista. Me citaron para hablar con una mujer estadounidense muy atractiva, una rubia de ojos azules de unos cuarenta años. Era tan hermosa que hasta uno podía enamorarse de ella.La estadounidense me preguntó por mis planes, hablamos de libros y de historia. Yo trataba de impresionarla con mis conocimientos sobre George Washington y le explicaba por qué quería viajar a Estados Unidos. Mis resultados en los exámenes habían sido excelentes y yo estaba sencillamente feliz. Entonces, como última pregunta, me dijo:

—Marco, dime, ¿a quién consideras un héroe y un ejemplo para ti?

Fascinado por la conversación y sin pensármelo dos veces, le respondí:

—A Ernesto Che Guevara.

En un instante, la expresión de mi interlocutora cambió por completo. Me dijo que acababa de perder la beca…

Aquel fracaso terminó determinando el rumbo de mi vida. A comienzos de la década de 1970, Ecuador comenzó a explotar sus yacimientos petrolíferos y construyó su primera refinería. El Gobierno, consciente de que el país necesitaba profesionales cualificados, recurrió a la Unión Soviética. Se firmó un acuerdo en virtud del cual un grupo de 25 ecuatorianos viajaría primero a Moscú y posteriormente a Bakú, el principal centro petrolero de la URSS. Yo fui seleccionado para formar parte de aquel grupo de estudiantes. En los años siguientes se organizaron otros tres grupos. Así, un centenar de compatriotas míos tuvo la oportunidad de formarse en la Unión Soviética.

Mis padres estaban preocupados: ¿cómo iba a estudiar yo en un país tan lejano y enorme sin saber una sola palabra de ruso? Cuando llegamos a la URSS, ninguno de los integrantes del grupo dominaba el idioma. Pero todo salió bien. En Moscú nos enviaron a la facultad preparatoria, donde estudiamos ruso intensivamente. Después ingresamos en el Instituto de Petróleo y Química de Azerbaiyán de M. Azizbékov.

Marco Antonio Cornejo Ubillús ha dado a conocer en América Latina la obra de numerosos poetas rusos
Marco Antonio Cornejo Ubillús ha dado a conocer en América Latina la obra de numerosos poetas rusos


—Entonces, ¿es usted petrolero de formación? ¿Llegó a trabajar en su profesión?

—Mi carrera comenzó precisamente en una refinería de petróleo. Después trabajé en distintas instituciones públicas, me ocupé de cuestiones técnicas relacionadas con el desarrollo de la industria petrolera de Ecuador y de la protección del medio ambiente en la región amazónica. Durante los últimos diez años trabajo en el municipio de la capital de nuestro país, Quito, y dirijo mi propia organización cultural, CLE. Sin embargo, incluso mientras me dedicaba a actividades tan alejadas de la poesía, nunca dejé pasar una oportunidad de perfeccionar mis conocimientos de ruso. Leía todos los libros en ruso que lograba encontrar y procuraba compartir mis impresiones con personas que tenían los mismos intereses.


—¿Cómo y cuándo comenzó a dedicarse a la creación literaria?

—Escribía poesía incluso antes de viajar a la URSS. Cuando llegué a este país, descubrí un mundo absolutamente fascinante: el de la literatura rusa. En Ecuador, por aquel entonces, apenas conocía la poesía de Yevgueni Yevtushenko. Puede resultar difícil de creer, pero un día cayó en mis manos un libro suyo con poemas traducidos al español.

En Bakú tuve dos profesoras extraordinarias que me inculcaron el amor por la poesía rusa. Leíamos a Lérmontov, Yesenin y Maiakovski, y aprendíamos sus poemas de memoria. Todos los estudiantes ecuatorianos teníamos una marcada conciencia revolucionaria, y aquella literatura nos inspiraba profundamente. Mi poeta favorito llegó a ser Aleksandr Blok. En su obra, especialmente en el poema “Los Doce”, percibo un deseo fuerte de transformación social. Blok seguía con gran interés las revoluciones de 1905 y 1917 y las recibió con grandes esperanzas.

Los latinoamericanos vivimos algo parecido durante nuestra juventud. La Revolución cubana transformó nuestra manera de pensar y, en nuestros propios países, también aspirábamos a liberarnos del poder del capital extranjero. Por desgracia, hoy nos sentimos un poco derrotados porque no conseguimos hacer realidad aquellos ideales. Nos hicieron callar.

Hoy los intelectuales latinoamericanos leen mucho y sienten una gran fascinación por la obra de Dostoievski, Gorki, Chéjov y Tolstói; además, tienen una capacidad extraordinaria para captar los matices de este tipo de literatura. Sin embargo, hay que señalar que gran parte de las obras de la literatura clásica rusa llegó al español a través de una lengua intermedia, principalmente el inglés o el francés. Es una vía más sencilla y accesible para un mayor número de especialistas, pero esos textos traducidos presentan también bastantes deficiencias. En Ecuador, soy el único que traduce poesía rusa directamente del idioma original. No lo digo por presumir, sino porque es un hecho. Llevo ya treinta años dedicándome de manera constante a la traducción y, durante la última década, he publicado libros.

El ecuatoriano publica sus traducciones bajo el seudónimo de Antón Amarunyán
El ecuatoriano publica sus traducciones bajo el seudónimo de Antón Amarunyán


—Usted firma sus traducciones con el nombre de Antón Amarunyán. ¿Por qué eligió este seudónimo?

—Algunas personas creen que firmo con un apellido armenio porque estudié y viví en Bakú, donde durante la época soviética residía una numerosa comunidad armenia. Otros simplemente confunden Armenia con Azerbaiyán. Pero mi seudónimo no tiene absolutamente nada que ver con eso. La explicación es otra: en quichua, la lengua de nuestros antepasados indígenas, amaru significa “serpiente” y ñan, “camino”. Y lo de Antón, como es fácil imaginar, se debe a que mi nombre es Antonio.

—¿A qué se dedica su organización CLE?

—Creamos esta fundación cultural precisamente para publicar libros de poetas rusos en mis traducciones. Desde el principio, nuestro objetivo fue acercar las culturas rusa y ecuatoriana. También organizamos distintas actividades culturales, en la mayoría de los casos en colaboración con la Embajada de Rusia en Ecuador. Organizamos proyecciones cinematográficas, generalmente de películas soviéticas, veladas de música y danza, lecturas de poesía y otros encuentros culturales. El 10 de julio de 2025 inauguramos en Quito, junto con la Embajada, el primer monumento dedicado a Aleksandr Pushkin en nuestro país. Lo curioso es que el monumento se encuentra junto al dedicado al poeta ecuatoriano Medardo Ángel Silva. Estos dos genios nacieron prácticamente el mismo día: Pushkin, el 6 de junio, y Silva, el día 8. Eso sí, los separan casi cien años. Ambos tuvieron vidas muy breves. A Silva se le considera uno de los integrantes de la llamada “Generación Decapitada”, como denominamos a cuatro poetas ecuatorianos de finales del siglo XIX y comienzos del XX fascinados por la obra de los decadentes franceses. Además de Silva, formaron parte de este grupo Ernesto Noboa y Caamaño, Arturo Borja y Humberto Fierro. La vida de los cuatro terminó trágicamente cuando todavía eran muy jóvenes. El propio Silva se suicidó con tan solo 21 años, pero dejó una obra poética que lo convirtió en una figura célebre en todo el continente. Este conjunto monumental dedicado a ambos poetas no solo rinde homenaje a nuestra literatura, sino que también simboliza la cercanía poética entre Rusia y Ecuador.


—¿Los ecuatorianos conocen la obra de Aleksandr Pushkin?

—Sí, la conocen. Sin embargo, como en América Latinas su obra en prosa ha sido  traducido y publicado con mayor frecuencia, durante mucho tiempo Pushkin fue considerado entre nosotros principalmente un escritor. Pocos sabían que también era poeta. Por ejemplo, son bastante conocidas aquí obras como “Los relatos de Belkin” y “La dama de picas”. Lo mismo ocurre con Mijaíl Lérmontov, conocido en Ecuador sobre todo como autor de “Un héroe de nuestro tiempo”. Yo empecé a dar a conocer también la poesía de estos dos grandes escritores entre mis compatriotas. Solo de Pushkin he traducido al español más de 220 poemas. Y descubrí que este tipo de poesía encuentra un profundo resuena en los latinoamericanos: incluso los niños recitan sus versos junto al monumento de Quito.

La principal dificultad reside en que una obra poética solo puede ser traducida con  dignidad verdadera por otro poeta, pero son muy pocos los que pueden siquiera acercarse al genio de Pushkin. Sus poemas poseen una melodía romántica muy particular, en la que se funden la imagen, el significado, el ritmo y la rima. Es como una sinfonía compuesta por un gran maestro, comparable a Mozart en la música y, en literatura, a Shakespeare o Cervantes. Además, para traducir a Pushkin hay que estar profundamente inmerso en la cultura rusa y conocer la historia del pueblo ruso. En cuanto a la rima, no siempre intento conservarla en mis traducciones, porque no toda la poesía lírica en español está escrita en rima. Para mí es mucho más importante transmitir la particular musicalidad y el ritmo de la voz poética del autor.

Me siento inmensamente orgulloso de llevar sobre el pecho la Medalla Pushkin, que me concedió el Gobierno ruso. Recibirla fue una completa sorpresa: yo nunca busqué ningún reconocimiento; simplemente seguí publicando mis traducciones, que la Embajada había enviado al Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Antes que yo, solo otros dos ecuatorianos habían recibido esta medalla. Los tres nos conocemos.

Para Marco, su poeta ruso favorito es Aleksandr Blok
Para Marco, su poeta ruso favorito es Aleksandr Blok

—Hablando de sus traducciones, ¿a cuál de los poetas rusos le resultó más difícil traducir y por qué?

—Los poemas de Serguéi Yesenin fueron, sin duda, los más difíciles para mí. Traducir a Pushkin tampoco fue sencillo, por supuesto, pero, gracias a la sencillez de sus versos y de las imágenes que transmite, el trabajo avanzaba con bastante fluidez. Pero Yesenin… Sus imágenes y metáforas son extraordinariamente difíciles de trasladar al español. Basta con pensar en los árboles: en ruso, la palabra «abedul» es de género femenino, mientras que en español es masculina. Y Yesenin a menudo se dirige al abedul como si fuera una mujer, lo que puede dar lugar a situaciones bastante curiosas. Lo mismo ocurre con el sauce, que en español también es masculino. Pero incluso con Yesenin conseguimos encontrar una solución. Sus poemas son hermosos y poseen una musicalidad extraordinaria; ahora también pueden escucharse en español. Mis familiares, por ejemplo, leyen con mucho interés el poema “Al perro de Kachálov”.

—En su escalafón hay poetas muy diferentes entre sí, tanto de la Edad de Oro como de la Edad de Plata de la literatura rusa. ¿Cómo decide a quién traducir?

—Procuro acercarme a la obra de autores que en América Latina son poco conocidos o completamente desconocidos; quiero dar a conocer nuevos nombres a mis compatriotas. Por ejemplo, antes de que yo me ocupara Anna Ajmátova, su poesía ya había sido traducida al español, pero principalmente con el propósito de criticarla, condenar su vida y su actitud hacia el poder soviético. Yo, en cambio, puse el énfasis en su poesía amorosa y mostré a América Latina a una Ajmátova completamente diferente. Anna Andréievna vivió las dos guerras mundiales y permaneció siempre junto a su pueblo, compartiendo su dolor. Los habitantes de nuestro país, por fortuna, estuvimos lejos de aquellas tragedias, y por eso nos interesa conocer mejor aquella época tan compleja.

Ajmátova escribe de una manera muy sencilla y hermosa. Lo que más me atrae de sus poemas es precisamente la vida cotidiana de la gente corriente. A la presentación de mi recopilación de traducciones de Ajmátova invitamos a numerosos intelectuales de Quito y descubrimos que muchos de ellos ni siquiera conocían a esta poeta. Incluso para nuestro ministro de Educación sus poemas fueron todo un descubrimiento.

Ahora estoy trabajando en la traducción de los poemas de Nikolái Gumiliov, esposo de Ajmátova. En Ecuador prácticamente nadie lo conoce. También llevo varios años trabajando en una versión poética de “Eugenio Oneguin”. Traducir esta novela en verso conservando al mismo tiempo el ritmo y la rima no es, desde luego, una tarea sencilla.

—En junio ofreció en Moscú una conferencia para los estudiantes de español de la Universidad Estatal Lingüística de Moscú y comentó que en Ecuador Maksim Gorki es considerado el escritor ruso más conocido. ¿Hasta qué punto sigue siendo relevante su obra para los jóvenes del país?

—Maksim Gorki es, efectivamente, muy popular en Ecuador. Al menos así era en mi juventud, cuando prácticamente toda América Latina, después de la Revolución cubana, se unió en un impulso revolucionario y leía a Gorki: “La madre”, “El canto del albatros”. En aquella época mirábamos a la Unión Soviética con esperanza. La generación mayor todavía recuerda a este escritor, pero los jóvenes, probablemente, ya no le prestan tanta atención.

En 2025, en la capital ecuatoriana, Quito, se inauguraron monumentos dedicados a Aleksandr Pushkin y Medardo Ángel Silva
En 2025, en la capital ecuatoriana, Quito, se inauguraron monumentos dedicados a Aleksandr Pushkin y Medardo Ángel Silva

—También ha señalado que las obras de Antón Makárenko encontraron una gran aceptación en varios países latinoamericanos, especialmente sus principios educativos expuestos en “Poema pedagógico”.

—Algunos países latinoamericanos adoptaron sus ideas y crearon colonias de trabajo para menores siguiendo un modelo similar al que defendía Makárenko.Es cierto que en nuestros países no había tantos huérfanos ni niños sin hogar como en la Unión Soviética después de la Primera Guerra Mundial y la Revolución, pero muchas familias vivían en una pobreza tan extrema que ni siquiera podían alimentar a sus hijos. Para ellas, enviar a un niño a una colonia de trabajo podía ser una salida. Allí los niños cultivaban verduras, elaboraban objetos de madera y aprendían algún oficio.El problema de la pobreza sigue existiendo en Ecuador incluso hoy.

En la Universidad Estatal Lingüística de Moscú el traductor ecuatoriano ofreció una conferencia para los estudiantes
En la Universidad Estatal Lingüística de Moscú el traductor ecuatoriano ofreció una conferencia para los estudiantes

—Cuéntenos, por favor, sobre Ecuador.

—Ecuador está formado por más de veinte grupos étnicos, descendientes de pueblos indígenas, españoles y poblaciones de origen africano. Sin embargo, al igual que en otros países del continente, todos estamos unidos por la lengua, la fe y las tradiciones. Personalmente, considero que todos los mestizos latinoamericanos formamos una sola nación, porque los ecuatorianos, en esencia, no nos diferenciamos demasiado de nuestros vecinos. Todos leemos al escritor colombiano Gabriel García Márquez. Su obra pertenece al patrimonio de toda la civilización latinoamericana: lo que cuenta en sus novelas podría aplicarse por igual a cualquiera de nuestros países. Y sueño con traducir al ruso los poemas del poeta peruano César Vallejo. Si encuentro el tiempo libre, sin duda lo haré.


—¿Y qué puede usted decir sobre el aprendizaje de las lenguas extranjeras en Ecuador? ¿Qué tan popular es el ruso, por ejemplo?

—El principal idioma extranjero que se estudia en nuestro país es el inglés y todos los estudiantes deben aprobarlo. Además, en la universidad pueden elegir un segundo idioma: francés, portugués, italiano, ruso o nuestra lengua ancestral, el quichua. Por desgracia, son muy pocos los que eligen ruso. Fuera de la universidad prácticamente no hay dónde estudiarlo: no contamos ni con institutos de lengua rusa ni con un centro educativo de la Fundación “Russkiy Mir”. Mi fundación, junto con la Embajada de Rusia, intentó iniciar las conversaciones para abrir uno, pero nos encontramos con la oposición de las autoridades de la Universidad Central del Ecuador. De todos modos, el Gobierno de nuestro país cambia cada cinco años. Quizá la próxima vez las circunstancias sean diferentes.

Traducido por Marina Chernyaeva

  • banner